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Crónicas
caleidoscópicas
DWOMO: UN CÓCTEL CÓSMICO
AGITARÁ CARACAS
JUAN
CARLOS BALLESTA
Uno de los proyectos menos convencionales del pop español
del nuevo siglo es Dwomo.
Caracas
de nuevo está de suerte, el próximo 19
de noviembre se podrá disfrutar en la capital
de uno de los particulares shows del dúo madrileño.
Su actuación formará parte del Festival
Rock en Ñ que organizan la Fundación Nuevas
Bandas y la SGAE (Sociedad General de Autores Españoles).
Pop
bizarro, excéntrico, ecléctico, inclasificable,
son algunos adjetivos con los que se puede definir la
propuesta que Dwomo ha realizado desde su formación
hace 4 años. Antonio J. Iglesias y Jorge Loran,
dos avezados coleccionistas de sonidos, son los cerebros
de esta aventura que ellos mismos han definido como
“coctel cósmico”, una provocadora
e irreverente mezcla de espasmos punk, bossa, ruidismo
eléctrico, bases funk bailables, delicadeza pop,
canción folk, lounge, techno–pop ochentoso
y mucha mordacidad.
En
su aún corta trayectoria, Iglesias y Loran ya
han demostrado que uno de sus elementos claves es el
humor. Cantan “Redemption Song” de Marley
en japonés; mezclan la melodía de James
Bond ( “Licencia Para Bailar” ) con la voz
que anunciaba la muerte del dictador Franco en 1975;
hablan de “estos tiempos de Semana Santa o Ku
Klux Klan, da igual” o basan una canción
en una sesión de bingo. Frivolidad e inteligencia
se entrecruzan y resultan en una propuesta de orientación
retro–futurista que atrapa de forma progresiva.
Los
primeros pasos de Dwomo fueron Usted (2001), Mi padre
(2001) y From Portugal (2002), tres magníficos
sencillos con los que prepararon el terreno para Osinaga
(2002), un disco debut que los posicionó como
una de las ofertas musicales más desprejuiciadas
de España.
Tras
un mini CD de remezclas, El error de occidente (2003)
–título de actualidad en momentos en que
el gobierno de Aznar coqueteaba con Bush–, el
dúo reapareció con otro compendio de composiciones:
Hijos de un domador (2004). Así, armados con
sintetizadores, samplers, cajas de ritmos, secuencias,
angulosas guitarras, teclados de juguete, vocoder, megáfono,
bajo y textos en francés, portugués, italiano,
inglés, vasco y español, los dos madrileños
nos lanzan de nuevo a su marciano universo.
La
obra toda, tal como los trabajos anteriores, es un verdadero
calidoscopio sonoro y rítmico. Con cada track
sobreviene la sorpresa al no saber a qué nos
exponemos.
Hijos
de un domador representa la consolidación de
la libertad creativa de ambos músicos y sus varios
colaboradores, algo que se palpa desde la primera pieza,
“El último clown”, un techno–pop
instrumental que funciona como abrebocas. Hay divertidos
boleros ( “Noches de safari” ), románticas
( “Daniella” ), bailables ( “Sin noticias
de Marimar”, “Bambú”, “Paradise”
), spaghetti western electrificado ( “Totó”
), techno–folk ( “L’ Enchantement”
), momentos jazzy ( “Guillermo tell me”
) y folky ( “Emma de Brooklyn”, “Donde
se habla de Elías” ). El fantasma de La
Mode, el influyente trío techno–pop madrileño
de los 80, sobrevuela en “La crisálida”
y “Marte sin explorar”.
En
apenas tres semanas podremos disfrutar de su faceta
en directo, divertida y seria a la vez, complemento
esencial para entender a cabalidad su propuesta.
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