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Los
hermanos José y David Muñoz
han protagonizado un caso sin igual en la historia de
la música española reciente: traslación
de la nada al todo con su disco debut y en apenas año
y medio de carrera musical propiamente dicha. Estos jóvenes
trabajadores de Cornellá, una pequeña localidad
a las afueras de Barcelona, han dejado atrás sus
puestos de montadores en una fábrica de coches
tras haber vendido un millón largo de copias en
España, y van camino de repetir esa cifra en el
extranjero. Sus argumentos, tan simples como éstos:
rumba fiera y mestiza, letras raciales, directo avasallador
y una sensibilidad especial para despertar el lado canallita
de sus devotas audiencias, que abarcan todo el espectro
social.
Un vagón de premios y reconocimientos les ha acompañado
en sus primeras visitas al otro lado del Atlántico,
visitas que sirvieron para despejar la duda de que una
música tan 'española' pudiera calar masivamente
en el gusto del público latinoamericano. La respuesta
se genera está en el asfalto, las casas del barrio,
las tardes de verano rumbeando... y, naturalmente, cristaliza
en las bocas de su público ávido de todo
lo que suene a Estopa, desde la imagen a las primeras
maquetas piratas que se venden por las calles. Un público
que ameniza veladas enteras gracias a unas rimas callejeras
e historias cotidianas contadas sin pelos en la lengua,
con el lenguaje que dibuja con calidad casi fotográfica
el universo al que aluden José y David.
A punto de sacar a la luz su segundo trabajo discográfico,
que seguirá las pautas del debutante Estopa,
los Muñoz afilan sus cuchillas para seguir
rajando faldas y estrellando Seat Pandas por cada rincón
de la geografía hispanoparlante. |