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Cielo,
antes que nada, es el nombre de pila de la vocalista,
guitarrista, teclista y compositora de esta banda nacida
en San Francisco y cuya formación es una
muestra realista de cruce cultural entre las raíces
anglosajonas y latinas. El nombre se debe a un poema lorquiano;
también al hecho de que querían transmitir
a primera vista -u oída- el contraste que preside
su música, a medio camino entre la quietud del
azul y el fuego de un volcán. El hecho de que Madrid
haya sido testigo de su verdadera eclosión como
banda se debe simplemente a uno los azares que marcan
todas las carreras musicales: alguien les oyó en
California, se trajo sus discos, los movió,
les llamaron y hallaron sin problemas distribución
y eco a su propuesta.
Ya en el 2000 habían compartido escenario con bandas
señeras del rock en español como Jaguares
y Aterciopelados, pero en este último año
han paseado su álbum debut Experimento cielo
-grabado a caballo entre sus dos patrias, Frisco
y Madrid- por nuevas plazas, con éxito más
que notable. El carisma mestizo de Cielo, estadounidense
criada en México con ascendientes checos,
se traduce en el escenario en un torbellino emocional.
Con ese apelativo antes citado, le gusta catalogar al
grupo sus aventuras musicales, resultantes de un mar de
influencias. El guitarrista Ki-ke Alvarez, de raíces
peruanas, aporta a la coctelera su gusto por los padres
del rock sudamericano, desde Charly García
y Spinetta a los Soda Stereo. La parte anglo
está fuertemente cautivada por el jazz y Santana;
la propia Cielo declara su devoción por
la trova cubana, los mariachis y las cantautoras estadounidenses.
De esa mixtura sólo podía salir una bomba
y así se puede calificar, sin duda, a un disco
que canaliza el furor individual de sus creadores en una
música con sello y personalidad propias. |