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Bunbury
es uno de esos casos aislados de trapecista sin red
entre los artistas de éxito comercial. Su eterna
huida del conformismo, ya desde la etapa de Héroes
del Silencio, le llevó a dar un giro radical
a su estilo con el que fue su primer disco en solitario,
Radica Sonora (1997); allí experimentaba
con las máquinas y la electrónica, desenvolviéndose
con inmediata soltura en un terreno inexplorado y aderezando
el guiso con especias arábigas de excelente sabor.
Viajero ávido de conocimiento, fascinado por
el mundo oriental, Africa magrebí y América
Latina (en este último ámbito ha dejado
una huella especial en México), Enrique
es además un buscador compulsivo de música,
siempre atento en cada país visitado a cualquier
expresión artística autóctona que
pueda emocionarle.
Lejos de asentarse en esa nueva estación electrónica,
la salida al mercado de Pequeño dos años
después presentó al mundo un nuevo artista,
a medio camino entre el crooner y el titiritero. De
él se hicieron mil glosas plagadas de metáforas,
que -por si fuera poco- se magnificaban en concierto,
en la realidad de un espectáculo cálido
y vibrante que generó desde el principio oleadas
de entusiasmo, incluso entre sus antiguos detractores.
Esas canciones pequeñas que se hinchan y deshinchan
a voluntad de su intérprete -y gracias a una banda
de cohesión y brillantez notabilísimas-
fueron empedrando el camino de un 2000 lleno de actividad,
conciertos, trabajos de producción, nuevas versiones
en vivo de viejos temas y un libro. Actualmente compone
su nuevo disco. |