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Voz
templada al fuego de la sensibilidad hiriente,
guitarras cristalinas, arreglos de orfebrería,
letras llenas de encanto poético, luminosas
canciones de inmediatez arrolladora: por preciosista
y adonisíaco en suma. Amaral presenta
su segundo álbum Una pequeña
parte del mundo, de esos que encandilan y
enamoran a primera vista, un disco exultante de
guapura esbeltez que no sólo reafirma las
condiciones como letrista, compositora e intérprete,
de artista total, de Eva así como
la capacidad creativa y el fino instinto guitarrero
de Juan Aguirre, sino que eleva al grupo
zaragozano a alturas casi intangibles en el pop
español, a un cielo azul donde sólo
habita la donosura, el esteticismo, la limpieza,
el buen gusto, la personalidad, la canción
por la canción.
Grabaron en Londres, en un estudio privado, sólo
para amigos, como el de Terry Britten,
y a través de una mesa analógica
en la que trabajaron Los Beatles en los
viejos Abbey Road y con músicos
británicos de primera fila (el que no ha
estado con Massive Attack lo ha estado
con Neneh Cherry, Pretenders ó
Tina Turner).
Trece canciones hermosas y asimétricas
en estilos y ambientes, pero homogéneamente
ensartadas por las guitarras, el órgano,
la voz y ese viaje de Eva al interior de
sí misma en busca de recuerdos y melancolías,
de músicas perennemente bellas.
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